Motivación para no abandonar el ejercicio

Estamos llegando a ese momento.  Ese momento al que llegas todos los años.  Has entrenado tres o cuatro semanas pero ya estás empezando a perder fuelle.  Aún no vas a abandonar, sabes bien que del subidón de motivación con el que empezaste, aún te queda para tirar al menos una o dos semanas más.

Detente.  No de los pies, sino de la cabeza.  Es justo en este momento cuando aún puedes mantener el control porque tu cabeza aún no se ha rendido.  Controla tu pensamiento, controla tu motivación y controlarás tu destino.  Confía en mi, llevo años dedicándome a conseguir que personas como tú se superen y rompan sus propias barreras.  Eres mucho más fuerte de lo que te permites ser.  Confía en mi y sigue leyendo.

Cierra los ojos.  En cuanto termines de leer este párrafo, cierra los ojos sólo 10 o 15 segundos.  Si lo estás disfrutando, sigue hasta que te apetezca.  Después de cerrarlos, imagínate dentro de un año si no abandonas el ejercicio.  Imagina tu cuerpo después de un año de entrenamiento en serio.  Imagínate con esos vaqueros que aún no has tirado porque confías en volver a entrar en ellos.  Imagínate subiendo las escaleras hasta tu casa corriendo porque te apetece.  Sí, eso puede llegar a apetecer.  Imagina que lo haces sin perder el aliento.  Imagínate entrar en tu oficina y que la gente se de la vuelta cuando pasas; imagina los conductores en los coches girando su cuello al verte pasar. Disfrútalo por un momento y cuando estés preparado/a abre los ojos y continúa leyendo.

¿Sabes lo que tardamos las personas en crear un hábito? Una media de 66 días.  Los hay que tardan 20 días y los hay que tardan 100, pero la media es de 66 días.  Eso quiere decir que de media, sólo tienes que obligarte y sacar la motivación de debajo de las piedras, durante un período de unos 2-3 meses.  El resto del tiempo, no será un esfuerzo: será un hábito de vida que simplemente habrás incorporado y harás sin pensar.   No me digas que no eres capaz de encontrar la fuerza de voluntad para ir 3 meses al gimnasio, has hecho cosas mucho más difíciles.  Piénsalo: tu objetivo deben ser los 3 meses, nada más.   Luego tu cuerpo dirá qué quiere hacer.

Primero formamos los hábitos.  Luego los hábitos nos forman a nosotros.

Cuanto más te esfuerzas, cuanto más sudor has invertido en lo que quieres, más difícil es rendirte. Eso quiere decir que cada día que vas a entrenar, no sólo vas a entrenar: has hecho que el día siguiente sea un poco más fácil ir.  Así cada día que vas es como un fondo de inversión de salud: cada día que inviertes, te da intereses para el futuro.

Somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito.

Un entrenamiento no es sólo un entrenamiento físico.  Es un triunfo personal sobre la pereza y la procrastinación.  ¡Leñe!  ¡Cada entrenamiento te hace mejor persona!  Piénsalo por un momento.  En lugar de venderte a ti mismo/a la idea de que no puedes, no tienes tiempo o lo que sea y comprarla aceptando excusas para no ser como quieres, te estás plantando y diciendo “¡No! ¡Yo necesito hacerlo! ¡Yo quiero hacerlo!”.  Estás luchando por lo que quieres, estás sentando un precedente en tu cabeza y en tu comportamiento.  Es el comienzo de un nuevo tú, que lucha por lo que de verdad quieres.

No es aptitud sino actitud lo que determina tu altitud.

¿Sabes qué?  Hoy deberías entrenar más duro. Sí.  Tanto tú como yo sabemos, que el último par de entrenamientos ya te los estás tomando menos en serio.  Vas al gimnasio, sí, pero remoloneas, bajas la intensidad en los ejercicios…  Hoy no.  Hoy ve allí y dalo todo.  Quiero que mañana tengas agujetas de las que cuesta levantar los brazos.  De las que cuesta bajar escaleras.  Pero mañana cuando las tengas, no las sufras: disfrútalas.  Sí, ya sé que es dolor.  Pero es un dolor que te recuerda que has hecho algo muy importante por ti.  Es un dolor ligero con un mensaje profundo: tú has cumplido tu propósito. Las agujetas es tu cuerpo transformándose en el cuerpo que deseas, no reniegues de ellas.  Abrázalas.  Búscalas.

Mañana ¿qué quieres tener? ¿Agujetas o remordimientos?  Nadie nunca ha entrenado y se ha arrepentido.  nadie nunca ha salido a correr y al volver a pensado “debería haberme quedado en el sofá”.  Nadie nunca ha escalado una montaña y al llegar a la cima ha dicho “que pena no haberme quedado en casa”.  El único entrenamiento del que te arrepientes es del que no has hecho.

Claro que es difícil.  Se supone que tiene que ser difícil.  Si fuera fácil, todo el mundo lo haría.  Que sea difícil es lo que lo hace tan grande.  Nadie te dijo que sería fácil.  Lo que te dijimos, lo que te digo, es que valdrá la pena.  Pero cada vez que dudes piensa lo siguiente:

Estás a un entrenamiento de distancia, de ponerte de buen humor.  De sentir el orgullo apoderándose de tu espíritu.  De ser el amo de tu destino y capitán de tu alma.

¡Nos leemos!

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